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Manuel
Cama-
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la
Ilumi-
nadora
Revela-
ción
de
un
Prócer

Que lejos quedaron aquellos días de gloria: Manuel Camacho
junto con Luis Donaldo Colosio, flanquenado al todo poderoso Carlos
Salinas. La foto es de la portada del libro Asunto de Familia
de la periodista Isabel Arvide.
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Bienvenidos a una
edición más de expresANDO. Pido perdón por
este considerable retraso en actualizar, procuraré dedicarle
más tiempo a esta gratificante actividad.
Desde mis épocas de estudiante universitario sigo con
regularidad la columna Agenda Ciudadana de Lorenzo Meyer en el
diario Reforma. Cuando su lectura en línea era
gratuita, inclusive, revisarla era mi religiosa actividad de todos
los jueves por la mañana, antes de entrar a clase; llegando
al grado de conservarlas para darle varias lecturas ulteriores,
pues siempre he pensado que las ideas maduran con el tiempo y
con nosotros. Llegué a juntar un buen número de
ellas, recuerdo que las copiaba y las pegaba en archivos de texto
que titulaba con la fecha de la columna y que, de cuando en cuando,
releía mientras evocaba agendas, momentos y contextos en
las que habían sido escritas, de este país y también
de mi vida.
A partir de que el Reforma se volvió al modelo
de pago-por-leer, dejé de hacerlo, entonces iba a la biblioteca
de mi universidad y leía los textos. En algún momento
decidí abrir una especie de carpetas en las que, con copias
fotostáticas, intenté continuar mi colección
de notas de la Agenda Ciudadana, sin embargo, comprobé
lo fácilmente que el papel puede convertirse en estorbo,
además de su limitada posibilidad de manejo y de conservación
–a decir verdad uno de los profesores que con mayor cariño,
estima y admiración recuerdo, ya me había dado muestras
en la práctica de lo exponencialmente peligroso que esto
puede resultar, me refiero al doctor Camilo Pérez-Bustillo-.
En una vieja caja, que aún subsiste en un clóset
de la casa de mis padres, están acumuladas varias copias
de esta columna, entre algunas otras de textos universitarios
que mis profesores me obligaron a leer y que consideré
tan, pero tan buenas, que decidí conservarlas y que cuando
vuelvo a casa, con curiosidad y nostalgia, hojeo y recuerdo. Algunas
ya las he suprimido porque he conseguido los libros, pero otras
tendrán que permanecer en ese estado ante mi realidad económica
y la contrariedad espacial de mi –pequeño- departamento,
además de mi relativa compulsividad por el orden.
Hace ya algunos años que terminé mis estudios de
licenciatura y con ello mi vida ha sufrido una serie de vicisitudes
y avatares que es innecesario enumerar, además de bastante
aburrido, y que me hicieron perder de vista y dejar de leer esa
columna. Con nostalgia la buscaba cuando podía, cuando
iba a buscar libros en la biblioteca y al pasar frente a la hemeroteca
me convencía a mí mismo de lo sustanciosa que podría
ser la lectura de este jueves, pero la verdad es que nunca me
di tiempo de retomarlo. En algún momento pensé en
suscribirme al Reforma, pero –y ojo, que esto va
con toda la intención de quejarme públicamente-,
entre su limitado espacio de entrega que además permanece
enano porque no crece y su poca clara y hasta falsa frase de “Elige
la suscripción que deseas recibir en Toluca, Cuernavaca,
México D.F. y su área metropolitana”, pues
tanto la casa de mis padres como mi departamento se encuentran
en el área metropolitana del DF, se los juro, nomás
no se me ha hecho suscribirme. Y la verdad es que a mí
me interesa la posibilidad de leerlo en línea entre semana,
pero he aprendido a disfrutar casi casi como niño con juguete
nuevo, el revisar al amparo de un provocativo y sabroso café,
el periódico de los sábados y los domingos mientras
desayuno. En fin, no he podido hacerme de una suscripción
impresa y a medias no.
Regresando al tema, esta quizá compulsiva actitud de conservar
textos, la he seguido con algunos otros columnistas de otros periódicos,
lo mismo que con noticias que considero relevantes para compartirlas
con los que ahora colaboro en el salón de clase pero como
profesor. La columna de Gabriel Zaid también en el Reforma
los domingos, por ejemplo, es otra de las que he atesorado con
cuidado. Sin embargo, las columnas de Lorenzo Meyer, lo mismo
que algunos textos suyos en la revista Nexos, me han parecido
siempre referencia obligada, una provocativa invitación
a pensar. Ignoro si será por mi gusto por la historia o
mi descarado convencimiento en los ideales ciudadanos que plantearan
los Ilustradores franceses y alemanes, pero siempre encuentro
algo interesante. Lorenzo Meyer, me parece un historiador muy
lúcido, muy hecho a la idea del viejo George Santayana
de que quien no aprende de su historia, está condenado
a repetirla, con la salvedad de que Meyer lo ha extendido a todo
nuestro Occidente, lo cual me parece aún más enriquecedor.
El hecho de que los mexicanos o que los integrantes de cualquier
otro país, aprendan de la historia de otros países,
es mucho mejor aún, pues de que estamos echando mano no
es sólo de nosotros mismos, o de nuestra memoria como sociedad,
sino de nuestra civilización por entero. Quien conozca
la historia de la antigua Grecia, sabrá a lo que me refiero.
En fin, recientemente un amigo mío, que también
vive en el área metropolitana y a escasos 15 minutos de
donde yo, sí puede recibir el Reforma impreso
y me ha permitido volver a leer tanto en línea como en
papel la Agenda Ciudadana, además de otras columnas y temas
de interés –el tal Mario Netas es sensacional. Así
que he vuelto nuevamente a mi vieja actividad de los jueves, sólo
que ahora tiene que ser o en la noche o mientras como, porque
ya no puedo leerlo a otras horas tan fácilmente.
Todo este enorme preámbulo para comentar que el jueves
10 de mayo
–felicidades a todas la Madres dicho sea de paso-, al terminar
de leer la susodicha columna me quedó algo así como
un sabor de boca medio amargo. Aclaro, no por la columna, sino
por las referencias que hacía. Independientemente de que
Lorenzo Meyer no tuvo mucho tiempo para pensarla y escribirla,
pues participó en una mesa redonda en la Universidad de
Yale, me quedaron claras algunas ideas de porqué anda nuestros
país como anda. En el texto, Meyer hace una especie de
crónica de un coloquio celebrado en Yale –universidad
cuna del clan Bush y del doctorado del Neto Zedillo- titulado
"El estado de la democracia mexicana. Obstáculos para
su consolidación", en el que participaron académicos
y algunos políticos mexicanos.
En este sentido, quiero aclarar, que he tratado de conseguir
algunas memorias de dicho evento, pero no ha sido posible, por
lo que no teniendo motivo suficiente para desconfiar de Lorenzo
Meyer, me limitaré a analizar en particular lo que refiere
de la intervención de uno de los invitados al convite.
Por lo tanto, tomaré como hipótesis de trabajo no
su objetividad, sino su trato justo a los participantes. Tengo
claro que no estoy exento de leer lo que el quiere que lea(mos),
así como sus comentario sobre los que sí y la omisión
del resto de los ponentes que no detalla en el referido texto,
confiemos pues que no hay una doble intención que vaya
más allá de ilustrar para permitir ejercicios como
este mismo. Entonces, según refiere este historiador, estuvieron
ahí académicos como Denisse Dresser, Sergio Aguayo
y políticos como Esteban Moctezuma, hoy flamante directivo
de la Iniciativa privada y cuyo mayor logró políticos
es haber pasado furtivamente algunas semanas como Secretario de
Gobernación, y Manuel Camacho, hoy activo integrante del
llamado Frente Amplio Progresista. Sobre este segundo, sobre todo,
me centraré.
De Esteban Moctezuma, al más puro estilo de quien quiere
dejar de ver el juego desde la banca, secundó a los hoy
jerarcas del PRI tanto en la Cámara de Diputados como en
la de Senadores –pero, ojo, sin tocar el asunto de los medios
electrónicos que Manlio Fabio Beltrones sí ha tocado,
me pregunto si tendrá algo que ver con su empleo actual-,
en cuanto a la urgencia de regular las campañas electorales,
así como el uso –y abuso- de los fondos públicos
que bajo la bandera de que son para mantener fuera de sospecha
a nuestra democracia, todos tenemos que aceptar y agachar la cabeza
sin más. En realidad no hay mucho que decir porque el señor
Moctezuma descubrió el agua tibia, tenemos ya muchos años
bajo ese esquema y me parece que cualquier mexicano puede concluir
que no existe una relación causa-efecto entre el acceso
a fondos públicos y la participación ciudadana y
el uso de dichos dineros. La única palabra que merece este
despilfarro de fondos en un país con tantas carencias elementales
como en nuestro es antiético y, ojalá, inmoral.
Pero Manuel Camacho fue más allá –o menos,
según se quiera ver, cito aquí lo que refiere de
él Lorenzo Meyer:
Manuel Camacho subrayó la similitud entre el México
de hoy y la Rusia de Yeltsin y delineó tres escenarios
para el futuro: a) la consolidación de la coalición
conservadora con el apoyo del PRI, b) una crisis de gobernabilidad
y c) incorporar constructivamente a la izquierda mediante la
reforma del régimen, en particular en el marco electoral,
sobre todo en lo que toca a las formas de financiamiento y el
papel de ese gran formador de opinión: la televisión
(Meyer, L. “Yale”, Agenda Ciudadana, Reforma,
10 de mayo de 2007).
Comencemos pues, punto por punto. Para empezar me parece, lo
mismo que con Moctezuma, que ninguno de los dos puede concebir
un México sin sus partidos y sin ellos, la prueba está
en que mientras los académicos se refirieron a la sociedad
civil y a la clase política en general, estos dos políticos
inmediatamente identificaron la problemática con las actitudes
e “ideologías” –el entrecomillado es
con toda la deliberada intención de remarcarlo, y es que
de tener clara y firme su ideología, nuestros partidos
y políticos serían una cosa muy diferente a lo que
son- de los partidos cuando en realidad eso es lo que muchos mexicanos
quisiéramos –El Ensayo sobre la lucidez de
Saramago, es lo que habría que recomendarles para que quizá
lo entiendan-. Lo primero es que desconocía la agudeza
y conocimiento de Manuel Camacho sobre temas internacionales,
en especial desconocía lo que podíamos denominar
su amateur rusiología. Atreverse a comparar dos realidades
políticas con tanta precisión es porque debe conocerlas
a la perfección. En cuanto a México, después
de haber sido el fiel escudero de Carlos Salinas en varios puestos
de la administración federal y también local, así
como por sus años de experiencia política, se puede
conceder un conocimiento avezado en la realidad mexicana. Sobre
la rusa, bueno, no dudo que revise los diarios y haya estado al
pendiente de los años de Yeltsin en el poder de Rusia,
sin embargo, hasta donde entiendo el señor Camacho no habla
ruso, cuestión que me parece elemental para poder conocer
de primera mano la realidad de aquel país y sus cartas
de internacionalista no van más allá de haber ocupado
la cancillería algunos meses.
Ahora, aceptando sin conceder el conocimiento de Camacho tanto
en la realidad rusa como en la mexicana, en dicho foro él
señaló como primer punto la eventual consolidación
de la coalición conservadora con el apoyo del PRI para
México. Pues bien, todo parece indicar que, en sus múltiples
cambios de chaqueta, el señor Camacho se olvidó
que en nuestro actual sistema de partidos, la condición
de “conservador” no es exclusiva de un partido u otro,
de hecho, no es ni siquiera privativa de un solo partido a través
del tiempo. Al contemplar lo que Andrés Manuel López
Obrador hizo con el asunto de las sociedades de convivencia cuando
fue jefe de gobierno del DF y lo que acaba de hacer Marcelo Ebrard,
me parece que es un claro ejemplo de ello. La última, que
incluye al mismo Ebrard, es que acaba de contratar a Pedro Aspe
para que le maneje la deuda del DF. Lo mismo podríamos
decir de la no-censura de películas como El crimen del
padre Amaro y la llamada píldora del día después
en el gobierno de Vicente Fox. La realidad es que gracias a la
falta de ideologías y al exceso de pragmática alimentada
por el deseo de poder, no es posible identificar con claridad
la posición de cada partido en cada cuestión que
pueda resultar importante para el país. El intento, pues,
de manifestarse conservador o liberal, tendría que ver
con las acciones y no con los discursos y ese es el talón
de Aquiles de nuestro actual sistema, pues mientras los partidos
detenten de manera exclusiva la posibilidad de acceso al poder,
la perpetuación de una oligarquía parece inevitable.
Ahora, que si Camacho intentó ser un poco más profundo
con aquello de “coalición conservadora” aduciendo
a que se mantenga el estatus quo y los privilegios actuales, me
queda la interrogante de quién o quiénes serían
los no-conservadores que estarían dispuestos a hacer los
cambios que necesariamente pasarían por la renovación
de la clase política mexicana. En este sentido debo decir
que, de entrada, no creo que entre ese grupo se encuentre Manuel
Camacho, pues ha llevado a sus máximas consecuencias el
dicho aquel de ‘Vivir fuera del presupuesto es vivir en
un error’ y no estoy seguro que esté dispuesto a
perder sus privilegios y contantes fondos públicos de los
cuales continúa viviendo. Por su estilo, más bien
me parece un quítate tú para ponerme yo, y más
aún, volver a llevar a cabo un ‘Cambio para que todo
permanezca igual’. Y de eso, me parece que ya no queremos
más.
Sobre el segundo punto, la crisis de ingobernabilidad, bueno,
me parece que esa crisis no es nueva. Quizá sólo
nuestros políticos y algunos mexicanos esperanzados en
el futuro, no hemos querido ser conscientes de ella. Pero con
la cantidad de personas en la economía informal, inseguridad
pública, secuestros, violencia entre bandas rivales que
se dedican a la actividad delictiva a gran escala, inoperancia
política, acciones cortoplacistas, impunidad y corrupción,
la ingobernabilidad es la realidad de este país desde hace
algunos años. Nuevamente, lo que Camacho parece defender
subrepticiamente son sus privilegios, pues ante la realidad de
la inmensa mayoría de la sociedad, los privilegios de la
clase política son los únicos que se han mantenido
a flote, esto es a lo que él seguramente denomina crisis.
Quizá porque para defenderlos es en lo único que
se ponen de acuerdo y defienden ‘como perros’. El
señor Camacho tal vez no haya entendido que la recuperación
y la reducción de una verdadera crisis de ingobernabilidad
pasa por el recuperar la confianza de la sociedad en la actividad
política como escenario por excelencia de la vida pública.
Y es que ante gobernadores preciosos y latifundistas, hermanos
e hijos incómodos, partidos divididos e insaciables, congresos
francamente prescindibles, legisladores improductivos, presidentes
municipales actores y traficantes de influencias, entre una larga
lista de etcéteras más, la confianza lejos siquiera
de mantenerse, sólo se hace más y más irrecuperable.
Dicen algunos expertos en imagen pública que casi cualquier
imagen es cambiable, sólo la deshonestidad no lo es porque
nadie creería el cambio.
De todo esto, quizá el último punto es el que más
me llamó la atención. Dice Camacho que otro escenario
para México sería: “incorporar constructivamente
a la izquierda mediante la reforma del régimen, en particular
en el marco electoral, sobre todo en lo que toca a las formas
de financiamiento y el papel de ese gran formador de opinión:
la televisión”. Al margen de revisar el asunto de
la televisión, vayamos más bien sobre la primera
parte. La idea sola de incorporar constructivamente a la izquierda
me parece francamente aberrante, no porque me parezca que no deba
ser así, sino por el francamente estúpido grado
de sumisión que plantea Camacho. La izquierda mexicana,
hoy institucionalizada sobre todo en el PRD, no tiene porqué
ser incorporada en la construcción de un nuevo proyecto
de país por absolutamente nadie, la razón es muy
sencilla, la izquierda tiene su propio lugar, ganado a pulso inclusive
con asesinatos, torturas y desapariciones de cientos de sus integrantes
que creyeron en el proyecto de la izquierda como renovador del
país, sobre todo en uno con tanta desigualdad e inequidad.
La izquierda no tiene que ver si la dejan, la izquierda tiene
que participar por el enorme número de mexicanos que representa,
porque han sido ellos quienes se han manifestado de una u otra
forma por la opción que ésta significa. La inclusión
de la izquierda no es concesión graciosa, es obligación
ganada. Las épocas de Heberto Castillo y del FDN de Cárdenas
y Muñoz Ledo han pasado, hoy el PRD es, en números
redondos, la tercera fuerza electoral del país, con representación
en las Cámaras de diputados, senadores y en casi todos
los congresos estatales. El PRD también gobierna estados,
municipios y el Distrito Federal. Cuán fácil es
negar la rica historia de lucha de la izquierda y solicitar al
supuesto poderoso un espacio de poder para eximirse de la falta
de imaginación, congruencia y voluntad política.
Me parece francamente lamentable que Manuel Camacho no entienda
lo que la gente le ha dado a la izquierda y, también, lo
que la gente espera de ella. Pensando mal, no descarto que lo
que señaló Camacho sea un adelanto que prepara el
camino para darle al grupo que ellos representan la distinción
exclusiva de izquierda, intentando así hacer a un lado
al PRD, quien para ellos habrá corrido la misma suerte
de un pañuelo desechable, al que sucio y ya usado, se mira
con asco y se tira a la basura. Sería una verdadera lástima,
pero escuchar el canto de las sirenas es costoso y parece que
en el PRD así ha sido.
Así pues, este prócer mexicano, estadista a toda
prueba e intelectual de altos vuelos manifestó sus puntos
de vista sobre nuestro vapuleado país. Es muy triste leerlo,
pero es aún más que no sólo él, sino
cientos de oligarcas sigan decidiendo desde sus agendas particulares,
nuestro proyecto de país. Sé que como sociedad no
estamos acostumbrados a la democracia y que apenas hacemos conciencia
de que ésta va mucho más allá de las urnas,
sin embargo, es necesario dar ya el salto, porque dejar más
tiempo a este grupo, puede hacer que dentro de un corto plazo,
ya sean irreversibles algunos deleznables actos que hoy llevan
a cabo desde la oscuridad que enmascara su cobardía.
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